Muchas veces la superficie
del mar está en calma
Y la serenidad del cielo
queda reflejada en sus aguas
Nuestras emociones están
en paz, se respira tranquilidad en el aire.
Otras veces llegan los
vientos… y con ellos la tormenta
El agua empieza a
agitarse, las olas empiezan a subir y a bajar.
Y sentimos mareo,
confusión y temor.
Así que, en días de tormenta sería mejor
No salir a navegar,
quedarte en casa,
dejar que el barco
descanse en la seguridad de un puerto.
Pero no siempre es
posible.
A veces la tormenta nos
sorprende en alta mar.
Entonces nos toca
demostrar que somos buenos marineros.
Y hemos de orientar
nuestro barco, lo mejor que podamos,
Hacia la luz de ese faro
que brilla en la distancia.
Y así, guiados por su
luz, podremos llegar a tierra firme
Y evitar el peligro …
El peligro de morir
ahogados
en los vaivenes de
nuestras propias emociones.
En esos casos la luz del faro
del espíritu es nuestra única salvación.

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