Siguiendo los pasos de "welcome to my chaos" de Nuria en Holanda, me he decidido hoy, desde esta isla mediterranea,a navegar por estos mundos de Dios... Mi barco zarpa ligero... acabo de soltar amarras... ¡viva la aventura!

lunes, 29 de junio de 2020

3. LA EMPERATRIZ






































Mi abuela, la persona a la que yo más he amado en mi vida, se fue de este plano terrenal al cumplir yo 18 años. Había dejado el pueblo atrás y estaba viviendo en la ciudad debido a mis estudios superiores. Estaba triste por un lado y excitada ante el cambio que supondría esta nueva etapa de mi vida. Conforme pasaron los días la tristeza desapareció, como desaparece la niebla matutina cuando sale el sol. 

¿Qué me depararía este nuevo año lejos de los míos? Estaba segura de que conocería a gente distinta y mis horizontes se abrirían mientras fuera descubriendo nuevas cosas. No me refiero al estudio sino a la vida en general. Quería conocer a otras personas, abrirme al mundo, contactar y coincidir con otros seres.
 Recordaba la frase de mi abuela: “La coincidencia trae la felicidad”. Intuía una etapa en la cual iba a coincidir con muchas personas afines a mí. De eso estaba segura.

Y uno de los primeros días de clase me fijé en una chica sentada delante de mí. ¿Quién no podría fijarse en ella? Su larga melena rizada y pelirroja era una llama de fuego que iluminaba la grisura del entorno. Me acordé de repente de Rosa, aquella chica mayor que me enseñó a dividir en la escuela primaria, aquella que llevaba una trenza hasta la cintura y la envidia que sentía yo cada vez que veía su pelo. Mi madre no estaba para trenzas y siempre nos cortaba el pelo en melenita corta. 

Pero el color pelirrojo de esta chica era más claro, casi anaranjado. Mucha gente dice que las pelirrojas no suelen ser guapas, porque tienen la piel muy blanca y muchas pecas. Las pecas me fascinaban. Y cuando se dio la vuelta con un movimiento rápido y pude ver su cara, me deslumbraron sus ojos verdes de felina. La vi diferente, especial y deseé de todo corazón que se fijara en mí. No me miró ni me vio, estaba buscando a alguien más con la mirada. 

Pasó un mes. Yo la miraba continuamente, pero ella no me veía. Era muy alegre y risueña y por lo tanto muy popular. Resultó ser amiga de un amigo común al que llamábamos “Mercu” porque era escurridizo como el mercurio y porque le gustaba hacer trucos de magia. 
Y un día coincidimos los tres a la salida de clase. Al fin sus ojos me miraron con curiosidad. Me hizo muchas preguntas en el primer encuentro. Vivíamos bastante lejos una de otra. Pero coincidíamos siempre en un tramo hasta el autobús.

Empezamos a conocernos y un día me invitó a su casa. Su madre era pintora y su padre músico y su casa estaba decorada con mucho gusto. Era un hogar de gente bohemia, pero todo estaba cuidado, los colores eran suaves y aunque la decoración era bastante minimalista vi cosas que me llamaron la atención, como por ejemplo una estatua de un Buda sentado o la de una joven diosa oriental bailando. En el salón vi tejidos de la India y cojines de colores y unas alfombras que parecían sacadas de las mil y una noches.  Y muchas plantas en todas partes, plantas colgantes, en maceta y hasta en jarrones. Y los cuadros de su madre en algunos lugares daban mucha calidez a la atmósfera del lugar.

Su cuarto era una buhardilla con mucho encanto, con una parte del techo un poco inclinada y con una claraboya, además de una ventana lateral que daba al jardín. La colcha de la cama era de flores que iban del rosa al fucsia y además tenía una especie de dosel con cortinas que podían cerrarse y uno podía dormir como en una pequeña cueva. Era una cama doble y comparándola con la cama tan estrecha donde dormía yo, aquello era un palacio. Verla sentada en sus dominios era como ver a una reina. Me estaba empezando a enamorar. 

Con el paso del tiempo fuimos intimando cada vez más. Compartíamos gustos musicales y lecturas. Cantábamos y bailábamos juntas. Hablábamos de todo, incluso de los chicos que nos gustaban. Un día le comenté avergonzada que yo era virgen y ella se rio a carcajadas y me dijo que ella también. Que desde pequeña su madre le había dicho que tuviera cuidado con los embarazos. Pero ella había tenido muchos novios porque era ardiente y apasionada. Pero nunca había llegado a la penetración. Pero creía que este año ya estaba preparada para hacer el amor y que el este llamaría pronto a su puerta. 

Y un fin de semana que me quedé a dormir en su casa sucedió lo inevitable: Dormimos juntas. Al principio yo me sentí muy inquieta, con mariposas en el estómago, pero ella estuvo todo el tiempo natural y risueña. 
Me dijo: “Nos conocemos bien y coincidimos a muchos niveles, no tengas miedo de la parte física, es una más entre otras.” Al oír la palabra coincidencia sentí que estaba protegida por mi abuela y me dejé llevar. 

Ella me enseñó esa noche muchas cosas, entre ellas me ayudó a descubrir mis puntos de placer y a descubrir cuales eran los suyos. 

A la mañana siguiente al abrir los ojos y ver su melena de fuego junto a mi cara y sus ojos verdes casi no podía creérmelo. Había compartido el lecho con una reina.
¿Qué pasará ahora? Pensé. 

No pasó nada. Seguimos siendo amigas y la coincidencia fluía según fuera el día: unos días tocaba estudiar, otros hablar, otros bailar y reír y otros investigar nuestra sexualidad juvenil. Me dijo que ella se masturbaba desde muy pequeña y que esa liberación de energía era algo natural y bonito. Que ella era muy física y sensual. La escuchaba atentamente mientras le brillaban los ojos con destellos verdes. 

Se acabó el curso y yo me fui al pueblo donde vivía mi familia. Ese verano conocí a un chico, me enamoré y dejé de ser virgen. Las coincidencias seguían pues a ella le pasó lo mismo ese verano. 

                                                  ............................... 

Mi amiga estudió bellas artes y tuvo una vida bohemia y muchos amantes. Poco a poco de forma imperceptible y natural fuimos perdiendo el contacto.

Pero al cabo del tiempo cuando las dos estábamos ya emparejadas y con hijos, nos encontramos en una fiesta de un amigo en común. Me dijo que yo había sido “la única mujer de su vida”. Con la vida disoluta de artista que llevaba no supe si creérmelo. 

Pero de lo que si estoy segura es de que ella si fue  para mí una mujer importante en mi vida … en segundo lugar, claro, porque mi abuela seguía ocupando el primer puesto. Pero eso no se lo dije, como podréis suponer.






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