Hoy os explicaré la historia de Marcial, el niño guerrero. Fue un compañero mío de clase y recuerdo que siempre estaba castigado porque no podía pasar tantas horas sentado en un pupitre. Tenía que moverse. El aprendía a través del movimiento. Marcial se pasaba muchos días castigado por negarse a obedecer las normas. Sólo sobresalía en Educación Física: allí Marcial era el rey. Estaba en su salsa. El más rápido en las carreras de velocidad, el que saltaba más alto en pruebas de altura, era un niño que no se cansaba nunca de la actividad física.
Y fuera de clase se convirtió en el líder de nuestra banda. Su juego favorito era la guerra. Lo recuerdo vestido de Ares, el dios griego. Su lanza, su casco con penacho y su escudo fueron un regalo de Reyes y era divertido seguirlo en todas sus aventuras, especialmente cuando asustábamos a los niños del pueblo vecino. En realidad, utilizaba todas esas armas para asustar al enemigo … porque lo que a Marcial le gustaba de verdad eran las batallas cuerpo a cuerpo y las peleas donde había contacto físico. Pero era un chico noble, una vez el enemigo había mordido el polvo, nunca hizo daño a nadie. Su única ilusión era derrotar al enemigo, pero nunca hacer daño al oponente.
Un día la pelea con los del bando contrario se realizaba en un torreón de piedra que había a las afueras del pueblo. Y los enemigos de Marcial lo acorralaron arriba. Nosotros, los de su banda, habíamos obedecido las instrucciones de nuestro líder, de escondernos en la maleza entre unos árboles y salir a atacar cuando el nos lo dijera. Pero justo en el momento en que él salió al ventanal del torreón, las viejas piedras cedieron y vimos a nuestro líder volar hasta el suelo. Todos, los de su bando y los del bando enemigo, corrimos a ver que le había pasado. Por fortuna parece ser que sólo se había roto el hueso de un brazo y tuvimos que ver a nuestro héroe con el brazo escayolado durante una buena temporada. Fue una temporada de tregua en la cual Marcial se fue recuperando y todos nosotros nos fuimos también recuperando del susto que tuvimos al verlo volar desde el torreón.
Nunca olvidaré los buenos ratos que pasamos juntos en nuestra banda de niños de pueblo jugando a la guerra.
El destino hizo que se en la adolescencia nos separáramos, pero un día, al cabo ya de muchos años, cual no fue mi sorpresa al ver la imagen de Marcial en un periódico. Se había convertido en un campeón de karate. Me alegré mucho por él porque supe que, aunque vencer a los demás en una guerra era algo importante… él había entendido, al fin, que no hay nada como vencerse a uno mismo.
Ooohhhh preciosa historia querida Linis!!!
ResponderEliminarSe la dedico a tu hijo con amor ! 💛
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