Siguiendo los pasos de "welcome to my chaos" de Nuria en Holanda, me he decidido hoy, desde esta isla mediterranea,a navegar por estos mundos de Dios... Mi barco zarpa ligero... acabo de soltar amarras... ¡viva la aventura!

martes, 30 de noviembre de 2021

EL MAGO MERCURIO

 

Érase una vez un joven aprendiz de mago llamado Mercurio. Nació en primavera en un pequeño pueblo situado en un valle al pie de unas montañas muy altas. Era un día de viento, el cielo era claro y luminoso, y algunas semillas de los árboles en flor volaban por los aires, junto a las primeras mariposas y junto a los pájaros que se elevaban y bailaban por las alturas… Algunos de esas aves se dejaban caer y cuando llegaban casi a ras del suelo, daban un cambio inesperado a sus alas y volvían a elevarse por el cielo, planeando.

 Su padre era el maestro de la escuela llamado Júpiter y era un hombre muy respetado por su sabiduría y su madre, Maia, era una experta en plantas que cultivaba en su jardín y con las cuales curaba a las personas que acudían a verla cuando se aquejaban de males o dolencias varias.  

Mercurio tenía unos ojos grandes, almendrados y oscuros y era un niño muy observador que aprendió a hablar poco después de empezar a andar… se fijaba no solo en las cosas, sino también en las palabras y en los sonidos de la gente que le rodeaba. Sorprendía la facilidad con que se comunicaba ya fuera con palabras, ya fuera con gestos. Así pues, como podréis suponer, pronto aprendió a leer y pasaba mucho rato en la biblioteca paterna, leyendo y observando con mucho cuidado todos y cada uno de los libros que allí se encontraban. Para Mercurio leer era un divertido juego donde su imaginación de niño volaba y él se sentía feliz en ese mundo.

Podríamos deducir que Mercurio era un pequeño ratón de biblioteca y que pasaba todo el día encerrado en casa leyendo libros. Nada más lejos de la realidad. Como a buen niño le gustaba jugar al aire libre con sus compañeros y todos estaban encantados con Mercurio porque los juegos que proponía eran siempre los más originales y creativos. Era popular y divertido debido a su gran imaginación para inventar historias, aventuras y personajes. Su tono de voz podía cambiar de intensidad y de frecuencia ya que podía imitar las diferentes emociones humanas y las diferentes voces de las personas, así como imitar también el sonido de casi todos los animales que le rodeaban. Incluso tenía sonidos para los animales que se inventaba, sonidos para los unicornios, las hadas y los elfos, y los sonidos de los terribles monstruos que asustaban a los niños y a los cuales él ponía nombre. Todo iba surgiendo en su cabeza como en un torbellino y niños y mayores admiraban su portentosa imaginación.

De su madre heredó el gusto por las plantas y el mundo vegetal. A la tierna edad de diez años podía ya reconocer por sus nombres, con formas y colores, a todas las plantas del jardín y del huerto de su madre, fueran estas comestibles, o bien plantas curativas, aunque también las venenosas. Su conocimiento se fue ampliando a medida que empezó a pasear por las afueras del pueblo y podía reconocer sin equivocarse todos los árboles y todas las plantas que encontraba en sus paseos por los campos y las montañas que rodeaban el pueblo donde había nacido. Su madre lo ponía a prueba cada vez que salían juntos a recolectar plantas. Y Mercurio aprendía rápidamente.

Y así fue como empezó a hacerse famoso en su pueblo.

Todo el mundo recordaba una anécdota que le sucedió entrando ya en sus años de adolescencia.

Cuentan que un día salió a dar una vuelta por los alrededores con sus amigos y que estos se detuvieron delante de dos serpientes que estaban enfrentadas una delante de la otra, en actitud de pelea y con sus lenguas bífidas saliendo vertiginosamente de sus bocas.

El niño Mercurio, el aprendiz de mago, miró atentamente la escena, intentando entender que estaba pasando en ese lenguaje agresivo silbante y, como por arte de magia, de su boca empezaron a salir sonidos en el lenguaje de las serpientes. Cogió un palo en forma de varita y lo puso frente a los dos reptiles… y tras un rato hablándoles en su idioma, logró que estas mitigaran su agresividad y se entendieran entre ellas.

Los niños que presenciaron con la boca abierta esa escena pudieron ver como las dos serpientes se enroscaban una a cada lado de la vara haciendo eses y al llegar a la parte superior se miraron en silencio y guardaron su lengua bífida. Parece ser que Mercurio había logrado que las dos hicieran las paces.

Y así fue como comenzó la vida de nuestro mago Mercurio, que con el paso del tiempo se hizo muy famoso en la comarca, pero que en aquel entonces fue conocido como el “domesticador de serpientes”

Y colorín colorado este primer cuento del Tarot se ha acabado.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario