Esta mañana me he despertado al alba, soplaba una fresca brisa de finales de verano. Me he vuelto a dormir porque tengo una cita en el otro plano y no me la quiero perder. Cierro los ojos y me duermo casi al instante.
He quedado con mi amigo en la fuente de la plaza del pueblo, situado en un verde valle, a los pies de una montaña coronada por una gran roca en punta que se divisa allá a lo lejos, en lontananza.
Sin mucho preámbulo, y sin casi pronunciar palabras, comenzamos a andar. Es muy temprano y todavía estamos entre el plano del sueño y la realidad tridimensional de la tierra.
Salimos del pueblo y cogemos un camino amplio que se dirige hacia la montaña. Vamos con las manos vacías, ligeros de equipaje, aunque conforme avanzamos veo algo que sobresale de uno de los bolsillos de mi amigo… es una especie de llavero con forma doble que me recuerda al nodo norte astrológico. Le pregunto qué es ese objeto y me responde que tenga paciencia… que me lo enseñará cuando lleguemos a la cima.
Al cabo de un rato comienza la ascensión a la montaña… El camino se estrecha hasta convertirse en un sendero de cabras. Ya no podemos andar uno al lado del otro, ahora él va delante y yo le sigo… parece un elfo porque el sube sin esfuerzo y es como si su delgado cuerpo flotara sobre la tierra. Me oye resoplar a sus espaldas por el esfuerzo y me dice: “céntrate en la respiración, eleva tu cabeza como cuando haces Taichi y siente con fuerza la energía que sale de tu hara, justo por debajo del ombligo"
Así lo hago y, a pesar de la pronunciada subida, empiezo a serenarme… dejo de notar el esfuerzo de mis piernas y parece que mis pies rozan suavemente el suelo. Subo ahora sin sentir el peso alguno, como si flotara o como si una fuerza que sale de mi hara tirara de mí.
El camino lleno de curvas serpentea rodeando la montaña. Subimos y subimos hasta llegar a esa gran roca que está en la cumbre… todavía hay niebla que se mueve de forma mágica rodeando el promontorio en el que decidimos sentarnos para ver el paisaje con visión de 360 grados.
Me mira con sus ojos azul cielo y me enseña lo que tiene en
el bolsillo. El objeto no es un llavero sino el mango de un paraguas plegable
con dos agarraderos. Lo abre y, como por arte de magia, surge un gran paraguas
del color azul marino de una noche estrellada y puedo distinguir los símbolos
de todos los planetas brillando en la oscuridad del interior del paraguas.
- - "¿Estás preparada?"
Mi corazón late con fuerza al responder que sí.
- - "Agárrate y no te sueltes… esto es mucho más sencillo y placentero que volar en ala Delta… porque no notarás la aceleración de la caída, porque que vamos a ir hacia arriba".
Me ofrece uno de los agarraderos del gran paraguas y el coge el otro.
En ese instante una suave brisa neptuniana empieza a elevar el paraguas abierto sobre nuestras cabezas y empezamos a flotar entre la niebla. Recuerda la imagen de Mary Poppins pero con dos personas agarradas a un paraguas.
Me dice que mueva suavemente los pies, como nadando y… oh, maravilla, empezamos a subir … y a traspasar la bruma blanquecina que se va deshilachando lentamente.
Los primeros rayos de un sol dorado nos tocan. Tengo que entrecerrar los ojos porque me deslumbran.
Y al cabo de un rato mi amigo me dice que mire hacia abajo: allá está el pueblo, los árboles diminutos, las pequeñas casitas… Seguimos ascendiendo y ascendiendo de forma rápida y a la vez fluida… siento que mi mirada se agudiza y me siento águila… siento la libertad del espacio y una ausencia total de miedo…
Disfruto de la ascensión y al cabo de un rato, al volver a mirar hacia abajo, veo al redondo planeta azul verdoso al que llamamos Tierra.
Siento su belleza y al verlo allá abajo tan pequeñito me inunda un sentimiento de ternura que hace que se me humedezcan los ojos. Cuando las primeras lágrimas de gozo empiezan a fluir, siento tal expansión interna, que, casi sin darme cuenta, suelto mis manos del agarradero del paraguas y…
me despierto…
Dedicado a Robert Martínez con amor.
3 septiembre 2021 (8 am.)
Me ha encantado. Pronto seremos conscientes y cocreadores 24/7.
ResponderEliminarDisfrutando con experiencias como esta. Gracias Linis.
Menchu