Siguiendo los pasos de "welcome to my chaos" de Nuria en Holanda, me he decidido hoy, desde esta isla mediterranea,a navegar por estos mundos de Dios... Mi barco zarpa ligero... acabo de soltar amarras... ¡viva la aventura!

martes, 30 de noviembre de 2021

SELENA, UNA MUJER SABIA

 

 

Mi abuela Selena era una mujer sabia con el pelo largo y blanco, que a veces dejaba suelto y otras veces recogía en una larga trenza que colgaba a lo largo de su espalda. Vivía sola en una casa de campo a las afueras del pueblo… pero nunca se sentía sola ya que los animales y los plantas que la rodeaban eran sus amigos. 

Yo iba a visitarla muchas tardes al salir del colegio y he de reconocer que ese rato que pasaba en su casa era el mejor del día. Muchas veces la ayudaba en su huerto y su jardín… con sus flores y sus plantas que cuidaba con mucha dedicación. Y otras veces le ayudaba en la cocina… donde ella preparaba todo tipo de comidas deliciosas… que luego metía en unos botes para que las llevara a mis padres y hermanos. Era al revés del cuento de Caperucita. Yo iba a verla con las manos vacías y volvía a casa con un montón de comida y de regalos de su huerto. También aprendí con ella a pintar flores con acuarela… una afición que todavía conservo.

Ayudarla en sus tareas me gustaba mucho … porque, aunque a veces estábamos en silencio, otras veces mi abuela cantaba canciones antiguas y yo las repetía con ella mientras cocinábamos o mientras recogíamos los frutos de su huerta.

Pero lo que más me gustaba era cuando anochecía y yo tenía que pensar ya en volver a casa … entonces pasábamos un rato corto sentadas las dos en su sofá de colores y ella me contaba historias y cuentos. Mi cuento favorito era el de la luna y los planetas, donde los personajes hablaban con voces diferentes y yo aprendía Astrología casi sin darme cuenta.

Nunca olvidaré un cuadro que colgaba sobre la cabecera de su cama. Era de la diosa Selene y su visión hacía que yo creyera en la magia, en los elfos, en las hadas y en todo el mundo de seres invisibles para el ojo humano, con los que mi abuela estaba en contacto de forma natural.

 

Cuando mi abuela partió de este plano yo no sentí tristeza… y siempre recordaré la dulzura de su rostro sentada en la hamaca de su porche donde se fue de viaje por otros mundos más sutiles. El amor de la sonrisa de despedida de mi abuela la llevaré siempre grabada en mi alma. 

 

 

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