Vuelo libre por en la inmensidad del
oscuro espacio cuando de pronto, allá abajo, veo una pequeña esfera azul verdosa.
Concentro mi atención en esa esfera y decido acercarme.
El planeta Tierra empieza a brillar en todo su
esplendor. Decido bajar a conocerlo, me dejo atraer por la fuerza gravitatoria
y voy cayendo suavemente como atraída como por la fuerza de un suave imán.
Soy consciente de su belleza y
también de que allí tendré experiencias relacionadas con el misterioso mundo de
la materia. Vengo de la una dimensión etérea y sé que allá abajo las cosas
serán diferentes. Pero me apetece experimentar a través de los sentidos del
cuerpo físico, quiero jugar con el agua, con la tierra… yo que vengo del fuego
y el aire.
Al llegar a la orilla del mar y pisar
la blanca arena, me despido de mis alas. Al mirar hacia abajo veo mis dos
largas piernas con sus pies apoyados en el suelo. Aquí tendré que aprender a
andar con ellos, nada de volar. Aquí las cosas serán lentas y el tiempo a veces
parecerá detenerse. Pero es mi decisión y estoy contenta.
Esa última palabra me sorprende,
“estar contenta” es algo que allá arriba no se experimenta. He venido también a
descubrir el mundo de las emociones, a aceptar la dualidad de la que los seres
humanos están hechos. Sé que un día estaré triste y otras veces feliz, según
las fases de la luna.
Sé que a veces me sentiré como un árbol, ahora
soy solo semilla. Sé que me enraizaré y que, gracias al sol y al agua, mis
ramas crecerán diariamente elevándose hacia el sol. Y daré frutos.
Se también que tendré libertad de
movimiento y podré trasladarme de un sitio a otro según como me sienta o según
lo que necesite en cada momento. Tendré libre albedrio. Eso me tranquiliza.
Porque el libre albedrío es sagrado. Podré moverme por la superficie de este
planeta, conocer valles y montañas, seguir caminos anchos y estrechos
atravesando llanuras o escarpando entre las rocas.
Tendré que experimentar también el
frío del invierno, la alegría de la primavera, el calor del verano, la
melancolía otoñal. Aprenderé a emitir sonidos y a comunicarme en este lenguaje
musical que se utiliza en este planeta. Aceptaré las normas con humildad.
Supongo que están aquí por alguna razón. Me comunicaré. Procurando no juzgar a
nadie por sus palabras o acciones.
Y trabajaré con dedicación mientras
esté aquí, procurando estar al servicio y que mi labor sirva para algo
positivo.
Descubriré también el amor humano, el
de los sentidos y los sentimientos, y procuraré no olvidarme de ese amor tan
diferente que se experimenta en niveles más elevados de consciencia. El amor
incondicional.
Sembraré todo lo que pueda. Con
ilusión de que algún día las semillas germinen, aunque yo no lo pueda ver.
Sembraré y sembraré sin pensar en cosechar y sin esperar nada a cambio.
Y un buen día, cuando mi tiempo se
acabe, volveré a las alturas y diré adiós a mi corta vida, regida por el tiempo
que pasé en este bello planeta azul verdoso llamado Tierra.
Y en mi ascensión …una sola lágrima
caerá de mis ojos, será como una piedra preciosa brillando y cayendo hacia el
mar azul turquesa de allá abajo.
Y mi lágrima desaparecerá en la
inmensidad del océano fundiéndose en el agua.
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